LOS PROCESOS ONÍRICOS

 

Ursula Oberst

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Desde el alba de la historia, la humanidad se ocupaba del origen y significado de los sueños. En las sociedades “primitivas”, los sueños se consideraban una parte integral de la vida que tenía su propia realidad. Lavie (1996) comenta que un indio norteamericano que ha soñado haber sido mordido por una serpiente, tomaría medidas contra mordeduras de serpientes inmediatamente después de haberse despertado, y que algunas tribus creían que el alma, durante el sueño, deja el cuerpo para pasearse por el mundo, por lo cual estaba prohibido despertar a una persona dormida.

En las religiones antiguas, desde sumerios y egipcios hasta los griegos, se creía que los dioses se comunicaban con los mortales por medio de los sueños. En los lugares míticos de rituales religiosos, por ejemplo el oráculo de Delfos en Grecia, los peregrinos solían dormir en el recinto sagrado en la esperanza de conseguir una revelación divina en sus sueños. Los antiguos hebreos, indios, chinos, japoneses y musulmanes también practicaban esta “incubación onírica” al rezar a sus dioses pidiéndoles un mensaje que pudiera facilitar una solución para un problema o una sugerencia para la cura de una enfermedad. En el Antiguo Testamento también encontramos ejemplos: Saulo, desesperado, se lamenta con el profeta Samuel, diciendo que “(...) Dios se ha retirado de mí, pues no me responde ni por los profetas ni por los sueños.” (1 Samuel 28:15). Otro ejemplo bíblico es José, quién, encarcelado en Egipto, interpreta los sueños de los reclusos (Génesis, 39: 21 a 40:23) y los del Faraón. Los sueños del Faraón, que hablan de siete vacas gordas y siete flacas, son interpretados como símbolo de siete años de abundancia seguidos por siete de hambre (Génesis, 41:1-32).

En cambio, la iglesia cristiana medieval rechazaba esta visión y empezó a asociar los sueños con influencias demoníacas o de brujería, ya que se consideraba que la palabra de Dios se manifestaba sólo a través los sacerdotes; los fieles no debían de prestar atención a estos fenómenos.

Hasta el siglo XX, los procesos oníricos no encontraron un interés científico. Por un lado, gracias al trabajo de Freud y de otros autores que vieron en los sueños un proceso psicológico y un instrumento valioso para acceder a los aspectos inconscientes del individuo dentro del marco de un tratamiento psicoterapéutico; y por otro, debido a que en los años 50, la investigación empírica empezó a ocuparse del fenómeno del sueño y de los sueños como procesos fisiológicos.

 

Hoy en día, existe un consenso general acerca de que los sueños son la creación propia de la mente del individuo. Sobre lo que no hay consenso es sobre el origen de los sueños (el por qué soñamos), ni sobre si los sueños tienen un significado y, por tanto, si merecen una atención más allá de lo anecdótico.

 

 

La lengua española distingue la función hípnica (el dormir, del griego hypnos) de la función onírica (el soñar, del griego oniros) sólo en el verbo (dormir/soñar) y en el substantivo por el uso del plural para la última (los sueños), mientras otros idiomas tienen palabras distintas (catalán: son/somni; inglés: sleep/dream; alemán: Schlaf/Traum; francés: sommeil/rêve). Algunos autores, para evitar la palabra polisémica “sueño”, utilizan la expresión  “ensueño”  para designar la función onírica.

 

Los diversos tipos de actividad mental durante el sueño normal se pueden clasificar en a) las alucinaciones hipnagógicas del adormecimiento, que consisten en imágenes o sensaciones sin “escenario”; b) la ideación reflexiva, similar a los pensamientos que ocurren en las fases 3 o 4 del sueño no-REM; c) los sueños propiamente dichos con imaginería visual intensa, escenario, personajes, trama, etc.; d) los sueños lúcidos, donde el individuo es consciente de estar soñando; d) las pesadillas; e) los terrores nocturnos, episodios breves de pánico y desorientación, que se asocian al sueño REM;  f) las alucinaciones hipnopómpicas que a veces ocurren en el momento del despertar.

Una revisión de las publicaciones escritas alrededor de los fenómenos oníricos, sugiere que los trabajos se pueden dividir en tres grandes líneas de investigación: (1) el enfoque biológico, (2) el enfoque psicológico, y (3) el enfoque interpretativo-terapéutico.

 

Las investigaciones de la línea biológica abarcan los estudios neurofisiológicos por un lado (neurofisiología del sueño y de los sueños), y por otro, trabajos sobre la filogenética y ontogenética de los sueños. Estos últimos estudian los procesos oníricos en su desarrollo en el individuo y en las diferentes especies. Básicamente, las investigaciones de la línea biológica se cuestionan la posible función biológica de los sueños y los mecanismos fisiológicos que los producen, pero no tanto acerca del contenido de los sueños (las imágenes).

 

La mayoría de los trabajos relacionados con la línea psicológica consideran los sueños un proceso cognitivo e investigan su relación con otros mecanismos del procesamiento de información humano, especialmente la memoria. Estos trabajos se centran en la posible función psicológica de los sueños para el funcionamiento cognitivo del ser humano y en la relación entre el contenido de los sueños y los acontecimientos de la vigilia y/o la personalidad del soñador.

Dentro de la línea psicológica, merece especial atención el paradigma neurocognitivo que se basa en los hallazgos neurofisiológicos y en los modelos propuestos por el paradigma de la psicología cognitiva (procesamiento de información), especialmente los derivados del llamado modelo conexionista; muchos trabajos también incorporan los avances de las neurociencias (redes neuronales, neuropsicología...). Se trata de una línea de investigación muchas veces interdisciplinaria y altamente compleja que se centra tanto en la génesis de los fenómenos oníricos como en su función biopsicológica para el individuo.

 

Como último, la línea interpretativa-terapéutica hace referencia a un posible significado de los sueños más allá de las imágenes, generalmente relacionado con procesos inconscientes del soñador. Aquí interesa, sobre todo, el posible impacto de los sueños en la vida despierta.

El enfoque interpretativo considera los sueños como un fenómeno relacionado con la personalidad y los aspectos inconscientes o tácitos del individuo. Se aplica principalmente en psicoterapia y se utilizan los sueños que relata el paciente como un instrumento para acceder a estos procesos menos accesibles para paciente y terapeuta. Los autores de esta línea estiman que los sueños son capaces de revelar un significado más allá de su contenido manifiesto; para acceder a estos significados ocultos, los sueños tienen que ser “analizados” o “interpretados”.

 En este apartado, destacan las teorías de Sigmund Freud, Carl Gustav Jung y Alfed Adler, pero también las teorías de autores humanistas-existencialistas, las de la psicología cognitiva y de la psicología constructivista-narrativa, al igual que las teorías eclecticistas.  Los denominadores comunes entre la variedad de propuestas se pueden resumir así:

 

1.      La convicción de que los sueños tienen un significado más allá del contenido manifiesto.

2.      La consciencia de que es el soñador quien tiene la clave para encontrar el significado (o mejor dicho: atribuir un significado).

3.      El hecho de conocer o de dar significado puede ser útil para la vida despierta del paciente y/o para el proceso terapéutico en general.

4.      El significado del sueño no apunta necesariamente hacia acontecimientos de la infancia, sino que trata mayoritariamente de asuntos cotidianos, ya sean triviales o problemáticos.

5.      Muchos autores están hoy de acuerdo con la idea original de Adler de que en los sueños se busca una solución a un problema actual; una pesadilla o sueños recurrentes son considerados como intentos fallidos de encontrarla. El trabajo terapéutico puede ayudar a encontrar una solución mejor.

6.      El terapeuta sólo facilita, en un intento colaborativo (co-construcción), el acceso al significado (o la atribución de significado). Generalmente, este proceso es llamado interpretación de sueños, aunque algunos autores, por fobia psicoanalítica, utilicen comillas para la palabra “interpretación”. Algunos autores psicodinámicos todavía usan la palabra “análisis”, por puro convencionalismo histórico.

7.      No hay consenso entre las diferentes orientaciones psicoterapéuticas que trabajan con sueños sobre la manera en que se procede dentro el proceso de interpretación.